El latido creativo del NEA: postales desde una feria viva, diversa y con payé
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Coleccionistas, realizadores locales y público de varias provincias recorren el MACC para impulsar un mercado cargado de identidad regional. Entre charlas conceptuales, diseños del Iberá y búsquedas visuales, la comunidad resignifica sus raíces en una experiencia puramente sensorial.

El aire de la tarde correntina se corta con una vibración diferente al cruzar las puertas del Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes (MACC). No es solo el murmullo habitual de una inauguración; es el pulso de la octava edición de la Feria de Arte Contemporáneo, que desde ayer y hasta el 24 de mayo transforma el espacio en un refugio donde las ideas laten a flor de piel.
Para ingresar, basta con escanear un código QR de acceso gratuito, una invitación abierta que democratiza el encuentro. Desde el inicio, la experiencia es un asalto a los sentidos: el magnetismo de las obras que obligan a detener el paso, el roce imperceptible de la multitud en movimiento y esa atmósfera cargada de curiosidad que desafía cualquier idea acartonada de lo que "debe" ser un museo.
República de Corrientes estuvo allí, perdiéndose entre la multitud para narrar este viaje desde adentro y nos subimos al ascensor. El viaje es puramente sensorial: cada piso abre un paisaje sonoro distinto. El chamamé de fondo se cruza con tonadas cordobesas, porteñas y tucumanas, matizadas por el dulce cantar del guaraní. Así, coleccionistas llegados de Paraguay y de todas las provincias caminan a la par de los artistas y curadores locales, consolidando un mercado que ya trasciende las fronteras.
Y luego está la gente. Caminar por la feria es cruzarse con personajes excéntricos: desde sombreros de ala ancha y anteojos de geometrías inusuales hasta aros colgantes, bufandas tejidas y tapados grandes que imponen presencia. El pulso del artista se adivina rápido: son los que se acercan a milímetros del lienzo para estudiar la pincelada y los que llevan libretas de apuntes bajo el brazo. Visten con texturas superpuestas y, de tanto en tanto, alguien sorprende con máscaras de animales; son un collage viviente. Habitan este rubro desde la identidad; llevan el arte colgado en la ropa, en el andar y en el alma.
Recorrer los sectores es toparse con una hermosa y estimulante "rareza". Hay mucho color, mucho brillo desvergonzado, pero, sobre todo, mucha identidad. El arte contemporáneo aquí no es frío ni distante; está impregnado de nuestra tierra. Se huele el río, se siente el calor del monte, se palpa la arcilla y el tejido.
Al descender al auditorio del museo, el bullicio de las ventas y el color se transforma en algo más reflexivo. Este espacio se consolida como el verdadero corazón conceptual de la feria. Aquí, las charlas, proyecciones y homenajes adquieren una dimensión territorial urgente: ¿cómo conviven el mercado y el patrimonio en el Nordeste del país?
Dialogando con los galeristas que participan de los conversatorios, la conclusión es unánime: la feria es una economía viva. Un entramado donde los saberes de esta región, las creencias locales y el trabajo diario se convierten en valor simbólico y afectivo. No se habla solo de precios; se habla de cómo el arte sostiene la memoria colectiva y una forma única de ver el mundo.
Dejarse atrapar
A través del diseño de la muestra del stand de Artesanos del Iberá, Hada Irastorza reflexiona sobre cómo la artesanía se convierte en un puente que conecta el territorio con la identidad correntina. Al proponer el "pastizal" como temática central –un ecosistema emblemático de la provincia–, la curaduría busca mostrar cómo el paisaje no solo es una fuente inagotable de inspiración estética, sino también el proveedor directo de la materia prima. Es así como técnicas tradicionales como la talla en madera, la platería y la cestería en espartillo o cipó invitan a quien contempla las piezas a sumergirse en una verdadera experiencia sensorial que invita a mirar el entorno y, fundamentalmente, a sentirse parte de él.
"Arteco es una invitación a descubrir y a perder el miedo, a derribar ese prejuicio de que el arte es un territorio ajeno o exclusivo para entendidos"
Por otro lado, en tiempos de pantallas e hiperconectividad ansiosa, la feria propone un refugio, una pausa obligada para volver a conectar con lo esencial. Esa búsqueda se vuelve carne en la obra de la artista correntina Sonsoles Romero, quien presenta Tatueí (cuyo nombre significa "el camino andado, una huella o camino").
Su pieza, un meticuloso trazo de tinta blanca alzada con plumín sobre un fondo negro mate, es una declaración de principios sobre el ritmo humano. "Trabajo cada línea individual... Trabajo mucho lo que es el tema de la respiración para generar cierto ritmo con las líneas y estar en el presente de cada hora", detalla la autora, ofreciendo al espectador una propuesta de calma y contemplación interna.
Como creadora local, Romero elogió la producción y la impecable curaduría del evento, agradeciendo el cobijo de la organización y de la galería Imaginario.
Ese "estar presentes", esa sincronía entre la respiración y el hacer, es el verdadero motor de un evento que llevó mucho tiempo y el esfuerzo de mucha gente. Es una invitación a descubrir y a perder el miedo, a derribar ese prejuicio de que el arte es un territorio ajeno o exclusivo para entendidos. Aquí conviven quienes recién se inician con las firmas de gran trayectoria, bajo una premisa que se escuchó fuerte en los discursos de apertura y que resume el espíritu de estos días: "Lo que nos hace humanos a los humanos es vivir en arte".
La obra de Romero encuentra su eco en los saberes compartidos de los maestros artesanos de localidades como Concepción, Loreto, San Miguel o Colonia Pellegrini. Ambas propuestas artísticas, lejos de ser meros objetos de exhibición, se entrelazan para resguardar y celebrar el patrimonio cultural inmaterial de la región.
Esta octava edición se siente más viva, diversa y con muchísimo más movimiento que las anteriores. Es una plataforma potente que reúne cine, literatura, diseño y arte sonoro, consolidándose como el faro cultural del NEA.
Es imposible salir del MACC de la misma manera en que uno entró. El orgullo de la correntinidad se reinventa en cada obra, demostrando que la tradición no es algo estático, sino la fuerza que impulsa las nuevas búsquedas visuales. Link a la nota: https://www.republicadecorrientes.com/72307-el-latido-creativo-del-nea-postales-desde-una-feria-viva-diversa-y-con-paye
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